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miércoles, 4 de mayo de 2011
Mi madre, en casa, revisaba la papeleta roja. Estaba muy molesta ya que había tenido que ir hasta el colegio para recogerme. Mi madre sabía que no era un alumno destacado, pero esto era lo último que ella esperaba.

-          ¿Y ahora qué vamos a hacer? – me dijo, después de calmarse tomando un poco de agua.
-          No lo se mamá… - le dije, mirando al suelo de la cocina.
-          No lo se… No lo se… - me remedó – ¡Sólo espera a que tu padre se entere!
-          Pero… No le cuentes…
-          ¡Te han suspendido indefinidamente del colegio! – gritó - ¡¿Cómo crees que no se dará cuenta?!
-          No lo se…

Mi padre me dio el respectivo sermón esa misma noche. La papeleta roja había sido devastadora. Una suspensión indefinida era lo último que uno quería terminando noviembre, ya que los exámenes finales eran la segunda semana de diciembre. Tal vez llamen a casa antes de los finales para que pueda darlos y no perder el año.

A pocos días de la navidad era el chico más infeliz del mundo ya que, al parecer, había jalado el año y tendría que volver a cursar el tercer año de secundaria. La buena noticia es que aún tenía el apoyo de mi amigo Serge, aunque a veces extrañaba conversar con Adela.

Unos cinco días antes de año nuevo llegó la sorpresa.

-          Irás a casa – dijo mi padre.
-          Pero… Estamos en la sala… - respondí, algo confundido
-          Pero hablo de tu verdadera casa.
-          No entiendo…

El 29 de diciembre entendí a qué se refería mi padre con “Irás a casa”, cuando ambos llegamos al aeropuerto para tomar un avión con destino a Puebla, México. Estaba bien, no tenía nada que perder en Lima.

En todos estos años había olvidado que no era Peruano y, después de mucho tiempo, regresaba a la tierra que me vio nacer; después de tanto tiempo cantando el himno peruano en la formación del colegio, recordé que yo pertenecía a Puebla, México y que, no se si para bien o para mal, dejé mi país a la edad de seis o siete años. Ahora era tiempo, aunque no sabía la razón, de volver.

En el avión mi padre me explicó el plan que tenía y la razón por la cual estábamos regresando a Puebla después de casi diez años. Ya que había reprobado el año escolar por que hasta esta fecha yo seguía suspendido, aprovechando la diferencia de “Verano” en el norte y el sur del mundo, en estos momentos, en Puebla, las vacaciones son de mediados de año escolar. Terminaría tercero de secundaria en Puebla y, en Julio, regresaría a Lima para rogarle a algún colegio que me acepte para cursar, solamente, la mitad final del cuarto año.

El avión aterrizó suavemente en tierra azteca. Ya estaba, otra vez, en mi olvidado país. No recordaba para nada la ciudad de México, pero no hubo mucho tiempo para reconocerla ya que tenía que ir al sur, a mi hogar, a Puebla.

Por alguna razón, me sentía como un extraño en mi propio país, en mi propia ciudad, llegando a Puebla, sentí como si fuera la primera vez.



Cuando la conocí, no sabía que la distancia significaba tanto

2 comentarios:

Johanna dijo...

hahahaha xD a xux.. por eso viajó, padre padre padre mi loco y psicopata padre..

(*) Vana (*) dijo...

:O