¿Quieres ser amigo de Joseph también?
¿Cuántas personas han visitado a Joseph?
¡Visita a Joseph en Facebook también!
Con la tecnología de Blogger.
viernes, 13 de septiembre de 2013
— ¿Segura…?
— Sí – respondió Sol – Quiero que, al menos, ella te conozca bien.
— Bueno… si crees que es lo mejor…
Sol
me contaba que sus padres tenían grandes problemas. Hacía años que discutían y
gritaban, pero era la primera vez que su padre había decidido irse de la casa.
Sol pensaba que yo era un chico divertido y quería que su madre se la
oportunidad de conocerme mejor para que le anime. Eso sí, para ella sólo sería
un buen amigo de su hija. Sinceramente no me gustaba mucho el plan... pero si
resultaba, mi relación con Sol daría una vuelta de 360 grados. Mejoraría
infinitamente.
**Tu-tu-tuuu**
— ¿Qué fue eso? – preguntó ella.
— Mi celular – respondí – Es un mensaje de texto.
Revisé
el mensaje. Era de Maggi; me saludaba y ccontaba que había ido a ver informes
sobre una universidad. Como ella era un año mayor que yo, ya había terminado el
colegio y estaba en busca de una universidad. Sol se puso un poco incómoda.
Al
día siguiente, fui a visitar a Maggi. Le conté que Sol quería que conozca a su madre.
— ¿No te odiaba? - preguntó.
— Se supone que sí... Aún no estoy mu seguro de cómo resultará todo.
— Suerte, eh.
Cuando el día de conocer a la madre de Sol llegó, yo estaba hecho una sopa gracias al sudor; los
nervios me traicionaban.
Encontré a Sol a un par de cuadras de su casa. Vimos unas aves picotear,
desesperadas, un pedazo de pan en el suelo y, minutos más tarde, estábamos
parados frente a la puerta del departamento donde vivía mi novia, en el tercer
piso de un edificio. Yo temblaba. Aunque ya lo hacía desde antes, recién lo noté.
Estaba
nervioso... pero listo; el día anterior, Maggi me había ayudado a crear lo que
habíamos bautizado como “Manual Original Cuidadosamente Organizado para
Suegras”, o, por sus siglas, M.O.C.O.S. Lo habíamos titulado así ya que era un
manual creado sólo por nosotros dos, así que era una idea original, pero,
claro, lo organizamos cuidadosamente para no perder ningún detalle que pueda
agradarle a la madre de tu enamorada.
Tenía
listo un repertorio de respuestas y de posibles temas de conversación que, creo
yo, ningún chico de mi edad tendría. Aun así, me sentía muy inseguro… No quería
malograr el encuentro con la madre de Sol, pero para mi desgracia no existía
“Pautas para Evitar Nervios Anormales(o
P.E.N.A.).
— M.O.C.O.S… M.O.C.O.S. – repetía en voz baja mientras entraba a la casa
de Sol.
— ¿Mocos? – repitió Sol.
— Sí… Para agradarle a tu madre debo recordar M.O.C.O.S.
— No entiendo…
Le
hubiese explicado a Sol qué significaba M.O.C.O.S., pero su madre salió a saludarnos
cuando ambos habíamos entrado a la sala.
— Buenas tardes – dijo ella, un poco seca.
— Buenas tardes… erhm… - titubeé. Era el principio de mi encuentro.
— Hola, mami – me cortó Sol.
— Eeehh… - Guardé silencio un segundo para organizar mis ideas – Buenas
tardes, señora…
La
madre de Sol era muy joven, no parecía superar los treinta años. Después de
saludarnos, salió de la sala sin dirigirnos una sola palabra.
Sol
corrió y se sentó en un sofá marrón que se veía cómodo. Caminé, pasé una mesa
grande madera y me senté en el sofá al lado de Sol. Hablamos…
Jugamos
con algunas revistas que había por ahí… sí, jugamos con las revistas. No las leímos; nos la tirábamos y las estampábamos en la cara del otro.
Charlamos
de cosas divertidas…
Nos
besamos…
Yo
estaba muy feliz, pero había algo que no me cuadraba; Sol me había traído a su
casa para que me ría con su madre. Pero después del saludo, ella entró a la
casa y no se supo más de ella hasta mucho más adelante.
Cuando la conocí, no sabía que ella iba a sentirse sola
lunes, 9 de septiembre de 2013
— Ho… Hola – tartamudeé. Traté de
regresar el alma al cuerpo –. Nunca antes te había visto, ahora que me pongo a
pensar.
—Es cierto – abrió la reja que
tenía en frente –, pero siempre hay una primera vez.
La miraba. Ahí estaba Maggi, un año mayor que yo, con una sonrisa perfecta y unas ondas en el cabello que adornaban las forma de su rostro. Por otro lado, claro, estaba yo... algo sudado por los nervios... no sabía si eran por conocerla o porque casi me asaltan.
Nos
quedamos en la puerta de su casa. Hablamos mucho y de muchas cosas. Creo que la conversación
estaba tan entretenida que ni ella ni yo nos preocupamos por entrar.
Tras un tiempo que se escurrió entre mis dedos, decidimos ir a caminar un rato. Al principio me opuse; me daba miedo encontrarme con algún tipo que quisiera que le pague a su hermano... pero, claro, tenía que mostrarme valiente ante ella. No sé cómo llegué a esa conclusión... después de todo, ella no sabía de mi encuentro con el maleante, así que no había nada que demostrar.
La noche era agradable, era lo único que me gustaba del verano... el ambiente
era fresco; como estábamos relativamente al mar, la brisa refrescaba y, como un plus, secaba el sudor de mi pecho y espalda.
A esas horas ya era posible escuchar el chirrido de los pequeños grillos, los cuales
adornaban, con musicalidad, los jardines vecinos.
No sé qué tanto hicimos, no sé qué tanto hablamos, pero luego de una
vuelta a la izquierda y otra a la derecha, compramos un helado.
Cuando me perdí en sus labios, se hizo
tarde. No podía quedarme más tiempo ya que la noche cayó cuando recién había
llegado y no era buena idea llegar muy tarde a casa.
Otra vez estábamos bajo el umbral de su puerta. ¿¡Pero cómo podría ser tan genial salir con alguien!? Aun ahí, con una chica increíble, pensé en Sol. La extrañaba mucho...
Cuando
me despedí de Maggi, antes de que la reja se cierre ante mí, la miré. Pensé, otra vez, en
lo que me preocupaba de verdad; me dolía demasiado que las cosas con Sol no
fuesen así. Cuando veía a mi novia tenía que ser a escondidas y por un tiempo
algo más que limitado. Me quedó clarísimo que iba a poder ver a Maggi cada
vez que quiera... una diferencia abismal con Sol, la verdad.
Es un problema que la vida no
se acomode a ti; aunque Maggi era muy bonita, linda y encantadora, mi relación
y mi vida estaban con Sol, a quien sólo puedo ver a escondidas escasas veces. Pero, sí, los
días al lado de Sol eran tan mágicos como fugases. Tal vez eso lo haría más bonito
al final; esos grandes huecos harian que nos extrañemos y que cada reencuentro
sea mágico... así, tal vez, cuando las barreeras de la prohibición sean tumbadas, nuestra libertad sería tan eterna como el tiempo que podríamos estar el uno con el otro sin escondernos de nadie.
Esa noche dormí aferrado a esa idea.
Cuando la conocí, no sabía que ella iba a sentirse sola
Suscribirse a:
Entradas (Atom)